Presentación de
la obra "Ritter"
La presentación del libro "Ritter", pronunciada por
Milda Rivarola el 14 de marzo de 2007 en el Centro Cultural Citibank
de Asunción,
fue publicada en el Suplemento
Cultural del diario ABC Color de Asunción el domingo 30 de
septiembre de 2007,
bajo el título "En torno de la
obra RITTER, de Xavier Careaga"
A Ritter lo conozco de dos eventos: en primer
lugar, de su célebre polémica con Rafael Barrett, reproducida en varios textos.
Eran dos pensadores ilustrados, de clase alta europea, que discutieron sobre la
cuestión social paraguaya.
Conocía también textos literarios que se perdieron en el olvido,
dos novelas maravillosas de un hijo de Ritter, Jorge Ritter, que son la mejor
pintura costumbrista del Paraguay durante la Guerra del Chaco. Son novelas
editadas por el autor, difíciles de conseguir, que tienen una gran calidad
narrativa e histórica.
La lectura de la obra de Xavier de Assis Careaga me transformó esa suerte de
desmemoria o ignorancia sobre Rodolfo Ritter. Era mucho más que el director de
un diario o el autor de un libro sobre economía. Fue, junto a Bertoni, Boggiani,
Zubizarreta o Rafael Barrett, miembro de esa pléyade de inmigrantes europeos que
crea el novecentismo paraguayo, formando toda una generación a comienzos del
siglo XX, probablemente la generación intelectual más brillante que tuvo el
Paraguay antes de la Guerra del Chaco.
Otra duda, resuelta por esta obra, se refería a las posiciones políticas de
Ritter. Se trataba de un noble ruso llegado al Paraguay por cuestiones
políticas. Era lógico pensarlo como un conservador, o en el mejor de los casos,
como un manchesteriano ortodoxo. Este trabajo echa por tierra semejantes
prejuicios. Era efectivamente un "ruso blanco", pero contaba con la formación y
la sensibilidad suficientes para ver la realidad paraguaya con ojos críticos y
posicionarse a veces del lado de los campesinos, o los pobres, y hacerlo desde
su doble perspectiva de economista y de pensador.
Ritter está mucho más cerca del radicalismo de Eligio Ayala, -de ese radicalismo
sudamericano representado por Batlle en Uruguay o por Yrigoyen en la Argentina-,
que del pensamiento conservador liberal vigente en Paraguay cuando su llegada.
Es muy crítico al leseferismo, un keynesiano avant la lèttre. Veinte o treinta
años antes de la vinculación del New Deal y la tesis de Keynes, Ritter defiende
muchas de las propuestas que transformarían el capitalismo en el Occidente en
los años 30. Hace de su pensamiento un instrumento de creación de futuro; no es
un intelectual que mira tranquila o críticamente la realidad sin inmiscuirse
en ella, sino que defiende, combate y consigue transformar el pensamiento o las
instituciones a través de su obra divulgativa y de su prensa.
Dejémoslo hablar: "El Estado no sólo se ve en el derecho, sino considera como un
deber primordial intervenir del modo más eficiente en la actividad económica de
los hombres. ... [Sea] por la limitación de ciertas actividades particulares;
por la reglamentación de las múltiples relaciones del capital y del trabajo; por
la dirección de la productividad nacional hacia nuevos productos, sea por medio
de tarifas aduaneras y ferrocarrileras protectoras, sea por medio de propaganda
o de premios, sea por medio de la apertura de nuevos mercados". (pág. 46). Aquí Ritter está anticipando parte de las propuestas que Keynes haría más tarde,
sobre un Estado no indiferente o gendarme, sino interventor dentro de la
economía para corregir desigualdades sociales.
Ritter sale de la Rusia de los pogroms, de la Rusia de la persecución a
comunidades judías, de una Europa golpeada y escindida por el antisemitismo. Y
sin embargo es totalmente opuesto al antisemitismo; está muy cercano a los
derechos del pueblo judío. Cuando llegan los japoneses, saluda con alegría la
inmigración asiática al Paraguay. Basta pensar lo que son, hasta ahora, la
mentalidad y las actitudes xenófobas y racistas del paraguayo medio. Él está
abierto a todo, le entusiasma la diversidad, respeta las diferencias. Es,
además, un propulsor decidido del cooperativismo en el Paraguay.
Junto a Bertoni, es el otro intelectual europeo residente en Paraguay
-el
tercero es Elisée Reclus, que escribía desde Francia-, en combatir desde los
orígenes esa percepción racista y despectiva de la elite asuncena, que veía en
el campesino paraguayo un holgazán, y señalaba como causa de la pobreza
campesina cuestiones raciales: "Es nomás medio avá, es indio, viene del campo,
no va a aprender a trabajar nunca".
La defensa que ambos pensadores hacen de la laboriosidad del campesino paraguayo
es bien atípica para el pensamiento de la elite de la época. En su defensa de la
laboriosidad del campesino, Ritter rechaza explícitamente los argumentos
racistas y señala otros de tipo socioeconómico. Para él, el origen de la pobreza
campesina obedece al latifundio, a la ausencia de tecnología, a la falta de
intervención del Estado, a la ausencia de créditos. Por esas causas es pobre, no
porque coma mandioca o tenga raíces indígenas. "Falta completa de ferias
periódicas en el interior del país, por falta completa de crédito para los fines
más productivos, pues el crédito usurario de 5 y 10% mensuales que se encuentra
y no siempre, es uno de los signos más característicos de la organización
medieval de la campaña; por una falta completa de medios de circulación de
capitales; por una falta de depósitos públicos o privados para los productos de
la agricultura, por la falta de las herramientas más necesarias para el trabajo:
Falta que en su conjunto hace casi imposible una aplicación verdaderamente
provechosa del trabajo". (pág. 38). Hay muchas áreas campesinas pobres en el
Paraguay que hoy podrían ser definidas por este texto, casi un siglo más tarde.
Ritter se acerca a lo que hoy llamaríamos un intelectual orgánico, una persona
que hace de su pensamiento un arma creadora de instituciones, de procesos,
comprometido con la nación que eligió para él mismo y para su descendencia. Él
mismo confiesa en una frase extraordinariamente bella: "Tenemos la ambición
-tal
vez ilusioria- de sembrar algunas ideas, de romper ciertas rutinas, de indicar
si es posible algún otro nuevo rumbo". (pág. 52). Habla, escribe, piensa, da
conferencias, polemiza tratando de cambiar una realidad cuyos problemas
sustanciales percibe claramente.
No se trata de un pensador de segunda línea, de divulgador, o de un periodista,
como tantos de los que llegan al Paraguay en esos años. Es un intelectual que
hablaba nueve idiomas, incluidos los clásicos empleados por pensadores de la
época -griego y latín-. Culminó tres carreras universitarias: es abogado, es
economista, es físico-matemático, como muchos rusos blancos que llegarían en la
década del 20 a crear la Facultad de Ingeniería en Paraguay, con la misma y
extraordinaria formación enciclopédica.
Ritter publica durante quince años una revista, El Economista Paraguayo, de la
que es editor, corrector de pruebas, articulista, e incluso redactor con
diferentes seudónimos para crear polémica interna dentro de la revista. Fue una
ardua obra semanal que ser prolongó durante quince años. ¿Cuántas revistas
especializadas en economía o en ciencias sociales tiene o tuvo el Paraguay con
esa prolongada vigencia? Sólo una, creada en la década del 70, y nada más. Ritter es el autor de una gran revista de economía, consultada y citada por
muchos, que no se restringía a temas específicamente económicos, sino que a
menudo hacía crónica de lo que estaba sucediendo en Europa, tratando de sentar
opinión acerca de la I Guerra Mundial, acerca de la Revolución Rusa, o de otros
temas de actualidad...
Esa batalla intelectual a través de la prensa, de sus conferencias periódicas,
de sus libros
Apuntes de economía política
y
La cuestión monetaria en el
Paraguay
-que recoge una serie de entrevistas- tiene efecto directo sobre las
políticas públicas.
Rodolfo Ritter es el creador, el más constante impulsor de la Caja de Conversión
(la "Oficina de Cambios"), creada por ley en 1916, que comienza a funcionar en
1923. La Caja de Conversión representa la primera política monetaria seria del
Estado paraguayo, antecesora de nuestro Banco Central, y entre sus logros está
la estabilización del peso paraguayo de la época, que dependía fuertemente del
peso argentino y carecía de patrón monetario. A través de esta Caja, el Estado
logra aprovechar el auge económico de los años 24 al 28 -debido al algodón y al
tabaco, básicamente- en términos fiscales, de tal modo que pudo armarse para la
Guerra del Chaco. En muchos sentidos, la obra de Ritter permitió al Paraguay
comprar armamentos, medicamentos y municiones para enfrentar la contienda
bélica, a través de una política monetaria que él defendió desde veinte años
antes y cuya concreción se logró con la Caja de Conversión.
En Francia, Ritter habló con Ernest Renan, uno de los padres del racionalismo
francés. Fue autor de una obra que abría el index de libros prohibidos por la
Iglesia Católica, La vie de Jésus. Es un gran
historiador de origen religioso, un lingüista importante en la historia
francesa. En Paraguay estuvo ligado a toda la elite cultural de la época:
colorados como Juan E. O'Leary, Natalicio
González, Fulgencio R. Moreno; liberales como Cecilio Báez o Teodosio González.
Era amigo del anarquista Hérib Campos Cervera (padre) y, por supuesto, de
Bertoni. Ritter integraba esa pléyade de intelectuales de prolífica producción
teórica en su época.
Pero lo más asombroso de la figura de Ritter es su modernidad, su
contemporaneidad. En muchos sentidos, él no pertenece al siglo XIX, es un hombre
del siglo XX. Llama la atención cómo se adelanta, prevé, entiende fenómenos que
están sucediendo, e incluso los que están por suceder. Al finalizar la Primera
Guerra Mundial empieza a temer, como otros grandes intelectuales europeos, la
llegada del fascismo. Ritter previó la ocurrencia de ese inédito y terrible
fenómeno europeo. En otros escritos, habla con entusiasmo, setenta años antes de
la firma del Tratado de Itaipú, de un proyecto de crear hidroeléctricas sobre el
río Paraná.
Ritter hace una defensa activa e incondicional, en la prensa, del derecho al
divorcio, junto con otros paraguayos que defienden esa ley tan polémica que
recién pudo aprobarse en Paraguay en 1991. Hay lecciones, como caminos abiertos,
que aún no pudimos aprender, sobre principios tributarios aptos para corregir la
concentración de la propiedad inmobiliaria. Hizo campaña contra el latifundio
-al que consideraba uno de los mayores impedimentos para el progreso del
Paraguay-, y propuso tasarlo progresivamente, de modo a fomentar los loteamientos privados. Ese proyecto fue rechazado
-entonces y ahora- por el
Senado. Hasta hoy, el Parlamento paraguayo tiene ese sesgo de "gran
propietario", ni siquiera la última ley de Readecuación Fiscal puso incluir este
principio tributario que Ritter propuso hace sesenta o setenta años.
"¿Por qué
no hacer contribuir el latifundio especulativo a los gastos públicos del país?
¿Por qué no aplicarle un impuesto territorial un poco crecido?". (pág. 106).
Cuando el Senado rechaza el proyecto, Ritter responde: "El
Senado pronto se informaría de que la 'progresividad' de los impuestos directos no solo es
postulado de la ciencia contemporánea de las finanzas (pues realiza mejor que la
proporcionalidad el postulado de la justicia), sino hecho positivo en las
legislaciones más perfectas de nuestra época". (pág. 107).
Amigo de muchos dirigentes políticos, Ritter no tiene ningún reparo en hacer
duras críticas al caudillismo, y al manejo partidario en el interior del país. Y
aquí sus textos se aproximan a
Migraciones
de Eligio Ayala, e incluso a esas brillantes páginas de
El Dolor Paraguayo
de Barrett. Hablando del cuatrerismo:
"Que caigan sobre él [sobre el caudillo político]
sospechas de cuatrerismo, que
se intente perseguirle por éste, enseguida el hombre hace valer su carácter de
político: las acusaciones son inspiradas por 'pasiones políticas'. Y los
correligionarios le abrigan enseguida bajo su protección poderosa: si pertenecen
al partido en el poder, la impunidad es asegurada desde luego; si pertenecen a
un partido de oposición, los jefes, los mejores abogados y procuradores del
partido ponen en movimiento todos los resortes, hasta conseguir la libertad
provisional del nene inocente injustamente acusado por la pasión partidista".
(pág. 149).
O del clientelismo tan consustancial al manejo del Estado: "El continuo cambio
de situaciones y de Gobiernos, agraviado por el predominio casi exclusivo de
consideraciones políticas en la provisión de cargos públicos, produce la
esterilidad e ineficiencia de la acción gubernativa. Llenados los grandes y
pequeños cargos no por las personas más idóneas y aptas, sino por los que
indican las consideraciones 'políticas', la acción gubernativa en casi todas sus
diversas manifestaciones lleva el sello del diletantismo, de la chapucería, de
la insuficiencia, a veces se distingue por su neto carácter maléfico". (pág.
207). Ritter señala aquí dos cuestiones que hasta hoy integran los análisis del
Estado paraguayo: una es la relación del poder político con la corrupción, con
la protección del crimen -el mismo Ritter habla del spoils system-;
otra es la
lógica clientelista y prebendaria del Estado paraguayo, la burocracia que
obedece al intercambio de favores estatales por lealtades políticas.
No quiero seguir narrando el libro que tanto placer me dio leer, con mucha menos
erudición y capacidad que Xavier Careaga, quien pasó años trabajando el tema.
Tampoco quiero restarles a ustedes el placer de ir descubriendo la
extraordinaria figura de Rodolfo Ritter a través de las páginas del libro.
Estamos hablando de una figura única, señera, creativa, apasionada, erudita,
cuyo nombre fue perdiéndose en el olvido. Y también hablamos de una familia que
supo preservar su memoria, sus papeles, sus objetos personales, sus periódicos,
sus manuscritos; lo que es bien raro en Paraguay: donde los primeros en enterrar
a los muertos somos en general sus descendientes.
Un bisnieto, carente de formación profesional en historia, consigue esa
recuperación de la memoria histórica. Los españoles dicen que "la sangre no es
agua". Xavier Careaga heredó esa pasión, y el rigor para hacerlo. Ojalá podamos
seguir presentando obras suyas en los próximos años. Y gracias, gracias por
recuperar la memoria de un hombre tan valioso y comprometido en la construcción
de nuestro país.
Milda Rivarola
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©
Xavier Careaga, 2008. Asunción, Paraguay.